Llegaste y me enseñaste a querer de verdad, a no cambiar a la otra persona, a aceptar defectos y virtudes, a quererte tal como eres. Así que solo podría darte las gracias mil veces por todo el bien que has hecho en mí. Por los consejos que me das cuando no voy bien encaminada, Por aguantar malos humores y malas rachas. Por seguir aquí después de un año, sin haber dudado ni un momento. Por los abrazos, las caricias, las chalas de muchas horas tumbados en la cama, los paseos, por todo...
Y decirte lo más sincero que saldrá nunca de mí: te quiero.
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