Muchas personas no saben lo pequeñita e insignificante que te puedes llegar a sentir cuando llegas a un sitio que ha sido y es tanto para ti.
Mientras subía me iba preguntando ¿Qué haces? ¿Por qué subes?, pero seguía, consciente de lo que pasaría cuando llegase. Y de repente... llegas, te paras, te sientas y lo miras, lo miras mientras por tus ojos caen cientos de gotitas, pero no te importa. Porque has conseguido llegar ahí. Hacía meses que no te atrevías, pero por fin estás ahí.
Y te viene a la cabeza todo de golpe: las peleas, los besos, las reconciliaciones, los gritos, los empujones, las tardes, las lagrimas que has echado en ese sitio, la primera vez que te dijo a la cara todo lo que sentía, aquel día que le dijiste 'véndame los ojos y llévame a algún sitio y dime que sientes' y lo hizo, las tardes de verano, las fotos, los abrazos. Te viene todo y no sabes como empujarlo fuera de tu cabeza.
Y duele. Y mientras estás sentada ahí, pensando todo eso, sigue lloviendo dentro de ti, y no sabes como pararlo.
Te pones a darle vueltas a que habríais hecho en un día como hoy, y caes en la cuenta de que te hubiera dado igual que hacer por el simple hecho de haber estado a su lado.

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