El deseo no es algo que quepa en un bolsillo. Que puedas guardar en un cajón. Que puedas olvidar como un cumpleaños. El deseo crea violadores y suicidas. Partos no deseados y maridos cornudos. El deseo roba anillos de dedos anulares con la misma eficacia que el amor los coloca.
El deseo no se puede pactar, es una guerra contra uno mismo donde siempre gana la sangre.
El deseo es mirarte y donde todos ven una sonrisa yo observar fuegos artificiales. Que subas tus ojos por mis piernas hasta donde te permite mi falda y bucear imaginariamente entre mis muslos aprovechando un suspiro como racha de viento.
El deseo no es masturbarse pensando en ti, es pensar en ti y tener que masturbarse. Es verte en el rostro de cualquiera, olerte a kilómetros de distancia, tenerte a pesar de tus ausencias.
Eso es el deseo. Y esto es, en lo que me convierte.
Eso es el deseo. Y esto es, en lo que me convierte.
Una mujer hambrienta.
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