Me indigna no tener soluciones -te dije-. Tú dijiste que a ti te entristecía y entonces entrabamos otra vez en una de esas conversaciones las cuales hacían que llorase, de impotencia por no saber como arreglar aquello que se iba deteriorando. Y entonces tú me dijiste 'supongo que era como un profesor, tenía que enseñarte y luego volar'. Puedo jurar que en ese mismo momento se me caía el mundo encima.
¿Qué nos estaba pasando? ¿Por qué habíamos llegado a ese punto de querer y no poder?
Y nos prometimos tantas veces luchar por recuperar aunque fuese una parte de lo que teníamos.. y lo único que hicimos fue terminar de romperlo. Y con una última visita, una carta y un 'espérame', terminamos con todo.
A día de hoy sigo aquí, aunque se que no vas a volver. Los dos lo sabemos. Pero eso no quita el dolor que llevo conmigo, el dolor de echarte de menos. O echar de menos lo que llegamos a ser el uno para el otro. Porque de eso se trataba, de ser.
Solo espero que no olvides lo que te dije; voy a estar aquí, por muchas cosas que nos pasaran, si a ti te hacía falta alguna cosa.
De una boba para el que fue mi bobo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario