No se si recordarás ese día.
Se que era un día bastante nublado, que estábamos hartas de las clases y que decidimos no ir por la tarde al instituto, sería un marte o un jueves (no estoy segura). Llevábamos unos días encaprichadas con ir a comer juntas al chino y por fin ese día fuimos. Llegaríamos sobre las tres o tres y media y el bufete estaba ya casi cerrando, no quedaba mucha comida, estaba todo un poco frío, pero nos sentamos igualmente. Nos pedimos para beber una botella de agua para las dos, porque no llegaba para más, y comenzamos a coger platos.
A la media hora dejaron de poner comida, con lo cual, ya quedaba muy poca y no había mucha variedad. Lo que mas disfrutamos sin duda fue el postre, crepes, con sirope de fresa, de caramelo, con nata... Ese día creo que engordé como unos tres kilos más.

Pagaste la cuenta y salimos. Llovía, llovía muchísimo y tú y yo corríamos como dos crías a las que les van a dar los regalos.
Íbamos felices, pisando cada charco que nos encontrábamos, mojándonos, disfrutando, riéndonos.
Tú me salpicabas, yo a ti igual. Y volvíamos a reír. Más fuerte, más alto. Para que se escuchara por encima de los truenos.
Llegamos a tu casa y, bueno... iba mojada hasta las cejas. Y yo odio ir mojada, pero ese día me dio igual. Porque disfruté de la lluvia. Como nunca antes lo había hecho.
Y es que te aseguro que ese día lo recuerdo con especial cariño. Ese recuerdo no se a borrado de mi. Porque fue una chorrada, pero por unas horas me sentí como una cría a tu lado, felices.
Desde entonces siempre que llueve y puedo, salgo a pisar charcos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario