lunes, 4 de febrero de 2013


Se me nubla el hueco del sofá que queda
cuando tus manos se van del otoño que son
mis caderas.
Escucho música,
pero no tiene nada que ver con
la melodía que eran tus gemidos.
Convertías cada madrugada en el mejor concierto,
y me hacías protagonista
con cada arañazo y mordisco en tu boca.
Vuelves verano a mis caderas.
¿Y ahora dónde se han metido las cenas a contrarreloj y
las duchas enjabonándonos a lametones?
Todavía hay miradas en el espejo,
entre los restos de dentífrico y el rimmel.
Nunca tuviste cara de billetes solo de ida;
nunca tuviste cara de aeropuertos en soledad.
Te echo de menos,
pero no te lo tomes muy en serio

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