Me vi con dieciséis y medio, imaginando
que ya no desnudaría otro cuerpo diferente.
Entonces pude haber seguido el ejemplo
de olvidar los bares y sonrisas nuevas
pero la piel me pedía huracán y delirio.
Ya no llegaría a vieja con él.
que ya no desnudaría otro cuerpo diferente.
Entonces pude haber seguido el ejemplo
de olvidar los bares y sonrisas nuevas
pero la piel me pedía huracán y delirio.
Ya no llegaría a vieja con él.
Cambié los sueños por los deseos
y rompí la vida en cien mil trozos
por la promesa de unos labios ajenos
intentando convencerme de que no era así
pensando que habría un fácil viaje
de vuelta.
Quizá os imaginéis el golpe.
y rompí la vida en cien mil trozos
por la promesa de unos labios ajenos
intentando convencerme de que no era así
pensando que habría un fácil viaje
de vuelta.
Quizá os imaginéis el golpe.
Al otro chico hacía menos que le conocía.
No pude evitar nada y solapé dos sentimientos,
el calor de uno con el fuego del otro.
Fui dos mujeres durante un tiempo,
la que buscaba seguridad
y la que pinchaba los airbags.
No pude evitar nada y solapé dos sentimientos,
el calor de uno con el fuego del otro.
Fui dos mujeres durante un tiempo,
la que buscaba seguridad
y la que pinchaba los airbags.
Por entonces, alguien me dijo:
"Si tienes un tigre delante
puedes hacer dos cosas:huir o luchar (y matarlo)
Las dos están bien.
Lo que no puedes es quedarte quieta
porque te destrozará".
Y durante días me quedé quieta,
dudando entre el calor y el fuego,
el calor y el fuego,
la rutina o el desastre.
"Si tienes un tigre delante
puedes hacer dos cosas:huir o luchar (y matarlo)
Las dos están bien.
Lo que no puedes es quedarte quieta
porque te destrozará".
Y durante días me quedé quieta,
dudando entre el calor y el fuego,
el calor y el fuego,
la rutina o el desastre.
Mi madre, me dijo:
"A veces lo mejor es enemigo de lo bueno".
Y yo ya no entendía nada.
"A veces lo mejor es enemigo de lo bueno".
Y yo ya no entendía nada.
Entretanto, esos lugares que invitan al placer pero no a la reflexión se alejaban sin darme cuenta y mientras besaba a quemarropa cada doce minutos me preguntaba si no sería mejor volver a mis quince, al amor imposible, al chico frío el cual nunca enamoraría, al cuerpo cotidiano, sin sobresaltos donde el placer te lo brinda la seguridad y no el riesgo, volver en definitiva a mi bichito, a las emociones fuertes, en vez de pacíficas en utilizar la copia de seguridad de mi pasado.
Luego entendí que ni lo uno ni lo otro me haría plenamente feliz pero ya nunca regresé a mi antiguo hogar.
Me decanté por la llama de un amor que se resistía a tener adjetivos.
Me decanté por la llama de un amor que se resistía a tener adjetivos.
Así él y yo comenzamos
una de esas historias de cara o cruz
con la moneda siempre girando en el aire.
Un viaje tan a destiempo
que nunca llegamos al mismo sitio
sin que uno de los dos llevara encendidas las luces de reserva de su
corazón.
Y así mi calle ya nunca más
hizo esquina con París.
una de esas historias de cara o cruz
con la moneda siempre girando en el aire.
Un viaje tan a destiempo
que nunca llegamos al mismo sitio
sin que uno de los dos llevara encendidas las luces de reserva de su
corazón.
Y así mi calle ya nunca más
hizo esquina con París.
Si os soy sincera, lo más jodido de todo es no saber qué sucedería si
volviera a sentir lo mismo y tuviera que escoger entre el cuerpo al que amo y el cuerpo que me hace arder.
No sé, a pesar de todo no lo tengo claro.
volviera a sentir lo mismo y tuviera que escoger entre el cuerpo al que amo y el cuerpo que me hace arder.
No sé, a pesar de todo no lo tengo claro.
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