sábado, 22 de diciembre de 2012

Mi espera en su portal se hace interminable... Abre la puerta y me da dos besos, nunca entendí eso, si 60 segundos después me comería la boca como un demente. En fin, cosas suyas. Nunca comprendí su comportamiento conmigo y mira que lo intenté una y otra vez. Pero está como una puta cabra (como yo, pero por él).
Esto no era el típico amor de cuento, porque ni el era un príncipe caballeroso, ni yo una princesita inocente (o quizás si lo era, pero antes de conocerle a él). Y lo bonito era verlo desnudo salir de la habitación de sus padres y saber que cuando entrara por la puerta me tiraría a la cama. Bonito era ver su culito por cada rincón de la casa. Y ya esto no era bonito, era comparable con los amaneceres de Cádiz, cuando después de despedirme de él (con dos besos, claro...) después de vestirme, peinarme y hacerme a la idea de que no lo vería hasta el viernes siguiente... Se venía detrás de mi, me abrazaba por detrás, me daba un besito de los suyos en el cuello y me susurraba al oído: "pfff cari...te echaba otro polvo" y ya pues me moría de amor por aquel imbécil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario