Fumarse un cigarrillo después de comer. Compartir un momento de especial con tu mejor amiga. Apostar en la ruleta y ganar. Aprobar un exámen. Cenar un miércoles en los 100montaditos. Ver a tu equipo de fútbol ganar. Una mirada correspondida. Hacer deporte. Un baño caliente por la noche. Ver una y mil veces tu película favorita. Un abrazo. Partirse de risa y no poder parar de reír, hasta sentir que te falta el aire. Ir al cine con un amiga y llevarse una tarrina de helado enorme. Saludar a un desconocido. Pasear al perro pensando en tus cosas. Leer un libro en el retiro. Bailar. Pasear por el centro.
En fin, podría seguir y empezar con una lista que no termina. Me considero afortunada, sí. Hoy en día la gente no aprecia los pequeños placeres de la vida. No saborean el dulce sabor de disfrutar cada momento como si fuese único. Cada momento es irrepetible y no volverás a recuperarlos, por lo que depende de ti hacerlo especial o no. Disfrutar de la naturaleza, reír sin poder parar, una comida con tu hermana o un paseo por el centro. Son momentos esenciales en la vida, porque si no los valoramos ahora, se convertirán en simples recuerdos vividos, mientras malgastas el tiempo esperando algo más grande de la vida y déjame decirte que no existe nada más grande que el momento que estás viviendo ahora. Acabarás por perderte lo que ocurre a tu alrededor, y para cuando te des cuenta, quizás ya sea tarde para volver a querer recuperar esos momentos de juventud y alegría. Sal a la calle, sonríe. Sonríe a todo el mundo y verás como tu visión cambia completamente.
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