La gente se hace de canciones, de momentos, de hostias, de lágrimas, de sonrisas... Quién sabe realmente de qué estamos hechos. En mi más arbitraria opinión, creo que estamos hechos de experiencia. Experiencia que puede llegar por diversos caminos, y por lo que me consta, no siempre son caminos de rosas, porque si algo he aprendido a lo largo de mis cortísimos dieciséis años, es que si quieres algo vas a tener que luchar por ello. Eh, pero luchar de dejarte las uñas agarrando aquello que codicias, luchar hasta que los poros de tu piel no puedan sudar más, luchar hasta dejarte la piel de las rodillas de caerte, luchar de apartar a todo aquel que se interponga en tu camino, y luchar hasta conseguirlo. Pase lo que pase.
Y eso es lo que hice yo contigo. Luchar hasta el último momento. ¿Pudo salir mal? Por supuesto ¿Puede rendirme? No cabe duda ¿Lo hice? Ni por un millón de paraísos fiscales que me prometieran. Porque si una cosa me has demostrado a lo largo de este tiempo es que vale la pena internarlo. Intentarlo porque si no lo haces, ya has perdido, intentarlo porque aunque te salga mal, siempre vas a tener el consuelo de haberlo intentado hasta el último puto segundo, intentarlo porque si sale bien, esa sensación que te inunda el cuerpo es indescriptible con palabras, textos, canciones o cualquier otro tipo de rama por la que puedas expresar tus sentimientos.
Probablemente haya mentido alguna que otra vez diciendo aquello de que entre nosotros no han existido momentos malos, sí, probablemente no haya sido del todo sincera, ya que sí que es verdad que estando juntos los dos, el uno al lado del otro, no recuerdo más de dos o tres momentos malos. Pero te aseguro cariño mío, que estando yo sola en mi habitación, mis cuatro paredes se han tragado todas las lágrimas que tú no me has visto derramar. Esas lágrimas que tú involuntariamente provocabas, pero que ahí están guardadas.
Pero lo importante no es si me lo has hecho o no pasar mal, sino que a pesar de todo, no ha habido día en todos los que te conozco, en el que por hache o por be, no me hayas hecho reír. Porque no sé cómo lo haces, qué mecanismo sigues ni qué libro sobre mis estados de ánimo te has estudiado, pero sabes dónde dar para hacerme la chica más feliz del planeta tierra.
Y por eso me gusta, porque a pesar de todo lo que yo haya o no podido sufrir por ti, por lo que yo veía que podía ser y no era, por la desesperación que yo sentía por dentro al ver que aparentemente no avanzaba... me demostraste que todo lo que yo he pasado por ti, ha valido la pena. Porque si el premio que había al final de mi larga batalla era estar contigo para siempre, me merecía la pena dejarme las uñas, las pieles de las rodillas y la paciencia que nunca creí tener.
Gracias por demostrarme que detrás de todo lo malo, por muy pequeño que sea, siempre va a haber un pequeño rayito de sol.
No hay comentarios:
Publicar un comentario