Antes de nada
te pido perdón. Perdón por todos mis berrinches, por mis celos, por mis
tonterías, mis enfados sin sentido. Perdón por ser tan posesiva y quererte para
mí. Perdona por no haberte mentido jamás y haberte entregado todo. Gracias, por
hacer de mis noches en vela: las mejores noches. Por sacarme las sonrisas más
bonitas detrás de una lágrima. Por escucharme cuando nadie más lo hacía.
Gracias por creerme capaz de conseguir cualquier cosa, por hacer que creyera en
mí. Por hacerme sentir el amor, la alegría, la tristeza, el añoro, la
esperanza. Por hacerme vivir de ilusiones porque de eso se vive ¿no?. Pero te
maldigo. Te maldigo por enseñarme a poner punto y seguido donde quizá hizo
falta un final. Por poner tantas comas en esta nuestra historia. Por hacer
tantas pausas. Por escribir tantísimas estrofas, las más felices, de escasos
renglones. Perdóname, si no supe quererte. Si no fui lo que querías o quizá lo
que necesitabas. Perdóname si alguna vez te saqué una lágrima. Perdóname si no
supe darte lo que merecías o no supe adaptarme a tu entorno. Perdóname si
alguna vez quisiste odiarme y no lo conseguiste. Quizá es hora de poner ese
punto y final a esta historia tan intensa. Y créeme que me duele el alma, que
me duele la vida misma de quererte y no tenerte, de perderte. Estremecerme
cuando las yemas de tus dedos recorren mi cuerpo. Que me duele el aire que
huele a ti. Soy yo la que se va, pero porque estoy cansada de repetir
una y otra vez el mismo párrafo de esta historia. Te prometí no rendirme nunca,
te dije que era de las que luchaban hasta el final, te dije que todo lo que me
proponía lo lograba. Tómate-lo como un 'no me he rendido, me he cansado'. Esta
vez la razón le ha ganado al corazón, y esperemos que por mucho tiempo. Te toca
jugar. Yo ya he movido ficha. Quiéreme ahora u olvidémonos para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario