domingo, 23 de septiembre de 2012

poco a poco

Con los ojos llenos de lágrimas se acuerda de las veintiuna veces que él le acarició aquel día. Le acarició como si fuese un violín, le acarició desde las mejillas, pasando por los hombros y la cintura, hasta llegar a sus muslos. Veintiuna  veces, como los meses que habían compartido entre sonrisas y discusiones, como los segundos que duraban sus miradas cruzadas, como su segundo favorito de la canción más bonita de la historia, como los secretos que guardaban. Aunque yo creo que hay un secreto más, pero es un secreto tan auténtico y tan profundo que ni siquiera se lo admiten a ellos mismos. Tal vez el secreto sea que quieren compartir más noches debajo del edredón compartiendo secretos sin decir ni una palabra. Ella siempre odió los cambios que alteraban su rutina y cambiaban las cosas de sitio, al igual que odiaba esa delgada línea roja que había aparecido entre ellos dos y les estaba separando. Esa línea se llamaba orgullo, y a simple vista parecía muy fácil de atravesar y volver los brazos del que esperaba al otro lado pero, a nivel personal, atravesar esa línea era el puro infierno, por mucho que lo desearas. Por mucho que desearas perdonarle con solo una mirada, por mucho que desearas lanzarte a sus brazos y pedirle un beso, por mucho que desearas que las cosas volvieran a dar un cambio y ser como antes.


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