jueves, 27 de septiembre de 2012

otro otoño.

El frío acaricia tus mejillas, congela tus manos, las gotas de agua caen suaves sobre tu pelo. Es bonito ver como reaccionamos cuando hace frío, damos más abrazos, dormimos más juntos. Es bonito ver la lluvia golpeando tu ventana y quedarte mirándola un rato, es bonito compartir un paraguas, es bonito incluso empaparse de lluvia cuando estás en compañía. Las hojas se van cayendo, lentas, tranquilas, llegarán todas al suelo cuando sea el momento. Y, con ellas, las dudas se disipan poco a poco. Piensas que debes tener miedo, miedo a que otro otoño te arrastre con él, miedo a pasear por la ciudad y recordar su olor recordando también todos esos recuerdos que tanto echabas de menos. Pero realmente no tienes miedo, sabes que no vas a tener miedo de eso jamás, porque te has prometido ser fuerte. Porque podrá llover todo lo que no ha llovido en los últimos cien años, pero tú no llorarás todo lo que te guardaste para ti porque querías aparentar ser más fuerte, no, todavía no. Ahora has decidido mirar a las personas que tienes a tu lado, a tus amigas, a tus amigos, a esa persona a la que tanto quieres, le quieres de verdad. Y sabes que, después del otoño anterior, este solo puede ser un buen otoño, lo sabes de verdad. 

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