Tantas maneras de medir el tiempo y ninguna exacta, no hay reloj que mida esas horas que parecen minutos cuando estás con él. Ni calendario que indique si mañana será el mejor día de tu vida o quizás pasado mañana. Tampoco existe cronómetro que te muestre el segundo exacto en el que empezaste a morir por él, ni la milésima de segundo en la que dejaste de hacerlo. Tampoco estaría mal tener un despertador que avisara de la llegada de tu príncipe azul y te dejara dormir mientras los sapos llaman a tu puerta.
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